miércoles, 19 de marzo de 2025

El oscuro futuro de América Latina



El mundo está cambiando y lo está haciendo de forma muy relevante, sin embargo, América Latina parece estar subestimando dicha transformación y parece estar moviéndose en contravía de sus implicaciones. En la actualidad, experimentamos un proceso de sofisticación sin precedentes en la historia humana, como nunca, la investigación y el desarrollo están evolucionando, no hay duda de que el conocimiento se hace cada vez más profundo y complejo. Todo lo que nos rodea, cada aparato, patrón, organización, forma de hacer las cosas, tiene detrás gigas y gigas de conocimiento acumulado a lo largo de generaciones. Por lo tanto, para entender, pero, sobre todo, construir y mantener lo que vemos en nuestro entorno, el conocimiento elemental, superficial al que estamos acostumbrados ya no es pertinente. Lo cierto es que, el mundo de hoy requiere ingenieros, administradores, médicos, psicólogos, abogados, arquitectos, agrónomos, matemáticos, físicos, en general profesionales con una comprensión profunda de todos los patrones que gobiernan y definen lo que pasa alrededor. Personas con un entendimiento detallado de su área del conocimiento, pero además con un discernimiento general de las demás disciplinas y la forma en la que, dentro de este entorno intrincado, se interrelacionan con la de ellos. 

 

En línea con lo mencionado, se requiere un proceso educativo diferente, más profundo, más sofisticado y transcendente en todos los niveles: preescolar, básica, media y terciaria en sus distintas dimensiones. Además, es importante mentalizarse con respecto a que estudiar de forma continua, en el marco de esquemas formales apenas hasta los tempranos 20s, ya no es suficiente. Todo lo anterior sin mencionar, que ahora lograr resultados notables, requiere necesariamente de la interacción de muchas personas con conocimientos profundos, por lo tanto, el desarrollo de todas las habilidades en materia de trabajo en equipo es esencial. 

 

Es evidente que los países desarrollados de frontera van avanzando rápidamente fortaleciéndose en el sentido anotado y, sobre todo, construyendo buena parte de la sofisticación que vemos a nuestro alrededor.   A pesar de lo mencionado, lo que se puede ver, es que América Latina se está moviendo en un sentido totalmente opuesto a lo que requiere el mundo. En los últimos años, se viene difundiendo el extraño mito de que la educación ha perdido valor, de que no es necesario estudiar, de que las herramientas tecnológicas con las que contamos en la actualidad tienen la capacidad de reemplazar nuestro intelecto. De un momento a otro, las nuevas generaciones empezaron a concluir, que estudian durante demasiado tiempo, que la educación debe centrarse en adquirir habilidades para trabajar, para aprender un oficio, como si nos encontráramos en la sociedad del medio evo y bastara con ser aprendiz de un artesano para construir una vida que le aporte valor al mundo. En todo caso, no es la primera vez que decidimos de esta manera, en nuestra historia, la educación no ha sido lo más relevante, como resultado, tenemos huestes de personas con conocimientos poco desarrollados, capaces de lograr cosas elementales que para el mundo son cada vez menos relevantes. Además, debido a nuestra profunda ignorancia en la mayoría de los temas, tendemos a creernos sabios y subestimar la verdadera magnitud del conocimiento actual. 


Como resultado de lo expuesto, las nuevas generaciones están dejando de interesarse por aprender, ahora es necesario darles todo tipo de estímulos al interior de los salones de clase para captar algo de su atención y que se entretengan con el conocimiento que procura transmitírseles. Las universidades, incluso las mejores, en un afán por captar y mantener a estos estudiantes desinteresados y facilistas, diseñan programas cortos, ligeros, superficiales, de escasa exigencia que no suponen retos reales a quien aprende. Por lo tanto, tenemos cohortes que pasan por los salones de clase, llenándose de títulos, pero que terminan con la cabeza vacía en materia de conocimiento riguroso, reemplazado por información dudosa, procedente de las redes sociales a las que permanecen conectados, además, toda una suerte de ignorantes que deciden cambiar la educación estructurada, por unos cuantos cursos en línea que les enseñan a hacer cosas simples, pero los mantienen en un profundo oscurantismo con respecto a la real comprensión del universo que los rodea, en el marco de la fantasía de que ya están formados. En conjunto, se trata de personas que no entienden su rol en el mundo, su responsabilidad de formarse seria y rigurosamente, para aportar en la construcción de una humanidad mejor. 

 

De continuar por esta senda, América Latina se seguirá llenando de youtubers y tiktokers, de asistentes, maquiladores, profesionales mediocres y en general, de personas que no comprenden ni pueden explicar realmente lo que los rodea. Algunos piensan que con ChatGPT, DeepSeek y todas estas herramientas de inteligencia artificial, no es necesario conocer, cuando es evidente que se trata de todo lo contrario, en el entendido que quien domina es el que conoce, mientras el dominado es el ignorante. Por lo tanto, el futuro de la región es oscuro, en vez de atestiguar una reducción de las brechas, entre los países desarrollados y América Latina, simplemente se profundizarán, en efecto, muy seguramente veremos una exacerbación de la desigualdad y del descontento social, es claro que en una época de hiperinteligencia como la que viviremos, la formación superficial y poco sofisticada será escasamente remunerada, mientras que América Latina seguirá protestando y cuestionando un futuro que no quiere ayudar a construir y que pretende se acomode a su propia trivialidad, posverdad e ignorancia. 


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